domingo, 22 de enero de 2012

UNA BUENA OPCIÓN

Iñigo Urkullu es seguramente la mejor y más segura opción que tiene el partido para presentarlo como candidato a lehendakari en las próximas elecciones autonómicas. Es cierto que aún falta mucho tiempo, y aquí suceden cosas a velocidad de vértigo, pero, visto lo visto, Urkullu es, en mi opinión, el candidato adecuado para captar votos. Votos entre los propios militantes del partido, y votos de los círculos concéntricos que se van generando en la sociedad en torno a las formaciones políticas cuando se acerca ese momento. Hay que pescar en todos los sitios.



Accedió a su primer mandato como máximo responsable del partido en circunstancias complejas, con un Josu Jon Imaz tirando la toalla porque no se sentía con fuerzas para mantener el envite que se le lanzaba desde sus propias filas. Ante un partido en aquel momento dividido, con dirigentes que en Álava y en Gipuzkoa iban tensando la cuerda sin medir bien sus fuerzas y oponiéndose de forma un poco incomprensible al dato incontestable de que es Bizkaia el granero donde el partido capta la mayoría de militantes y votos. Y todo eso con el miedo, más bien pavor, que causaba en toda la militancia el recuerdo de la escisión producida hace algunos años. Así accedió al puesto interno de mayor responsabilidad, de forma callada, con su libretita de espirales y dispuesto a escuchar y a hablar solo lo imprescindible. Arropado por una generación nueva de dirigentes que habían apostado con claridad por hacer política de una determinada manera. Urkullu salió de una esquina, pero centró el partido. Ese es uno de sus méritos.



Si la situación interna era complicada, la externa no lo era menos. La aplicación de la famosa Ley de Partidos tuvo como una de sus consecuencias la pérdida de Ajuria Enea, aun habiendo sido el PNV el partido más votado. Aseguraron entonces en el PNV que iban a practicar el poder desde la oposición, y vaya si lo han hecho. Urkullu ha ido tejiendo una red de relaciones sin algarabías, sin ruido, de forma medida y callada, que le han dado réditos al partido y crédito a él como político de fiar. Como partido, ha asfixiado por momentos al lehendakari, gracias, aliado de forma muy eficaz con el propio Zapatero. Como político, ha ido dosificando con tranquilidad sus propias posiciones a través de lo que comunica en su blog, y ha ido ganándose la opinión favorable de muchos que lo miraron al principio con cierta desconfianza. Además, y esto no se debe olvidar, ha tenido una actitud muy clara en su enfrentamiento al entorno terrorista. Todo eso lo avala como un buen candidato a la Lehendakaritza.



Por supuesto, no hay mirlos blancos aquí. No voy a invitar a nadie que tire la primera piedra si piensa de otro modo, porque ya sabemos lo que pasa: estas invitaciones se acaban cogiendo al pie de la letra entre nosotros. Pero entre otros posibles buenos candidatos, que los hay, él es el que ha demostrado ya, con claridad, que tiene una fina intuición para hacer las cosas. Mucho más cuando tendrá que lidiar con algún mago de la comunicación encabezando un nacionalismo radical. Y es preciso que la sociedad distinga con nitidez dos formas diferentes de hacer nacionalismo: una radical y olvidadiza, aunque no se sepa muy bien en qué consiste esa radicalidad, ahora que hasta el mismo Rajoy plantea una política impositiva que sobrepasa a todos por la izquierda. Y otra conducida por una persona que transmita sensación de tranquilidad, de sensatez, de recoger bien la esencia centrista de lo que ha sido ese partido a lo largo de toda su historia.



¿Está reñido eso con la independencia? ¿Está reñido con eso que se oyó en Barakaldo y ha escandalizado a algunas almas de sensibilidad tan tierna? En absoluto, porque el PNV es un partido independista, y no tiene por qué renunciar a ese objetivo. Cosa distinta es la forma de llegar a esa meta, los ritmos, los calendarios y las formas. Esto de la independencia produce escozor en algunas personas y en algunos partidos, aunque en Escocia es el propio primer ministro británico el que anima el cotarro. Cuando Ibarretxe defendía su plan, se nos amenazó con la salida del euro, la expulsión de la UE y no sé cuantas maldades más. Nada de esto parece preocupar ahora, ni a los escoceses, ni a los británicos ni a quienes de entre nosotros veían antes las cosas tan negras.



En fin, puede que nos expulsen a todos del euro, pero por otras razones, sic transit gloria mundi.
El PNV tendrá que pensarse muy en serio las posibilidades que distintos candidatos puedan tener, pero con Urkullu tiene ya un tramo recorrido. Tendría que dedicar sus esfuerzos a ver más bien cómo lo repone en Sabin Etxea. Tampoco pienso que es tan difícil, basta con mirar las fotografías que han circulado en los periódicos en estos días. Hay magníficos candidatos.


Pello Salaburu, en El Diario Vasco

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